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Estos tres “Jodidos Pintores” son Gonzalo Ilabaca, Salvador Amenábar y Sebastian Valenzuela; unen lazos pictóricos entre Santiago y Valparaíso predominando este último. Sus obras van de lo figurativo al realismo mágico. Cuando hablamos de la Pintura de Gonzalo Ilabaca, vemos como su mirada curiosa de voyerista extasiado, también puede rescatar diferentes tipos de belleza, pintando personajes del diario vivir insertos en cada rincón de su querido Valparaíso. Estos son sus coterráneos: artistas, poetas, vagabundos, cualquier personaje puede ser plasmado por nuestro artista donde refleja logra reflejar sus almas, sus penas, sus desconsuelos y también su alegrías.
Como pintor Ilabaca es un observador de submundos culturales, un poeta urbano de la brocha, de mirada aguda en lo cotidiano, rescatando la magia de los pequeños momentos. Durante mucho tiempo fue un artista sin frontera, plasmando incansablemente toda la cotidianeidad de los países visitados. Ahora baró su barco pictórico en Valparaíso, y lo pinta incansablemente desde allí, unidos a sus amigos nos deleita una vez más con su pintura.
Si de técnica solamente se tratara, tendríamos en Sebastián Valenzuela unas pinceladas gruesas, llenas de materia, de gran soltura en el trazo, colores fuertes y contrastados. El énfasis en este aspecto viene dado por la motivación que subyace bajo los pinceles del pintor, que atañe al contenido social. Impactado por los personajes tales como, el boticario, el feriano, el pescador de jurel, el pajarero, el comprador de cachivaches, trueques, el volantinero etc., pinta una y otra vez sus rostros, figuras, actividades y gestos. Todas aquellas personas que la sociedad no considera; personas cansadas del arduo trabajar, curtidos por el sol, el frío, el hambre, se han convertido en la razón de ser de su pintura y en una necesidad de plasmarlos en sus telas.
Hay un algo de admiración por parte del pintor hacia estas personas, tal vez por su solidaridad, por esa fruta regalada a quién le falta; por la superación de la pobreza día a día, por el esfuerzo, en fin; por un todo que resulta en que el artista, junto al hecho de pintarlos, los ha ido conociendo e intento captar estas imágenes que son mucho más que una cara bonita o fea, únicas e irrepetibles, que son en definitiva un espejo de sus almas, de sus vidas. Son una historia, un libro abierto en donde los borrones quedan para siempre, los derrames de tinta dibujan los dolores y las alegrías de una vida incesante identificándose con ellos, porque en cada uno existe algo de nosotros, está presente lo universal de nuestro ser.
Salvador Amenábar , nació en 1973, su obra se asemeja a los grandes artistas, tales como Juan Francisco González. Entre otros con pequeños paisajes pintados sobre arpillera, además de escenas urbanas, en esa misma línea sus colore tenues le dan a sus obras la fineza y la fuerza que caracteriza a nuestro joven artista.
Amenábar Pinta del natural al óleo y al caballete, lo que para él es como volver al oficio, recuperar la manufactura del pintor. Comenzó haciendo figuras abstractas pero hoy ha vuelto al paisaje, la naturaleza muerta y la figura humana.
Inauguración jueves 2 de Julio a las 19:00 hrs. y permanecerá abierta al público, hasta el sábado 1ro de Agosto. Alonso de Córdova 2812, Vitacura, de Lunes a Viernes de 10:00 a 19:30 hrs. Sábados de 11:00 a 14:00 hrs., entrada liberada.
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